Los gentrificadores piden justicia social: una de las muchas paradojas de la vida

He estado pensando mucho sobre lo que significa el estar incómodo y por qué a la gente le da tanto miedo. La ilusión de la certeza (incluso si la certeza es de algo negativo) es tranquilizadora, mientras que la realidad de lo complicados que somos como humanos puede hacernos sentir muy incómodos.

Durante los últimos dos mil años hemos hecho un trabajo fenomenal al negar nuestra naturaleza, exiliando partes de nosotros mismos que habrían hecho imposible desarrollar un sistema capitalista extremadamente patriarcal, misógino, racista, neoliberal que nos haga luchar por la liberación. Hemos reforzado un sistema que favorece algunos tipos de ideas sobre otras: la idea de ser hombre, heterosexual, capaz, rico, de alguna manera superior. Ese sistema solo funciona si aceptamos la idea de que algunos humanos son mejores que otros, y que todos somos muy diferentes.

Pero no hay humanos mejores que otros, y todos somos iguales. No se trata de género, raza, orientación sexual, clase, ingresos, riqueza o cualquier otra categoría en la que nos ubiquemos. Se trata del hecho de que ponernos en categorías al extremo que lo hemos hecho es tóxico para nuestras almas, y destructivo para las comunidades y sociedades. Sólo cuando nos encajonamos como "otro" podemos abusar y explotar a otros (que es como funcionan todos los "ismos").

Y sin embargo, por supuesto que todos somos diferentes, y esas diferencias hacen que la vida sea increíble. Esas diferencias también han hecho que algunas de nuestras vidas hayan sido un infierno durante generaciones, simplemente porque estamos en la categoría equivocada. Mi punto es que no somos tan diferentes que algunos de nosotros "merecemos" mejor o más que otros. Ambas cosas son ciertas: todos somos únicos y todos somos iguales, todos somos diferentes y, sin embargo, todos somos uno. La vida es una paradoja. La paradoja es incómoda.

Estoy fascinada por la intersección de la espiritualidad y el activismo, porque tenemos que aceptar la paradoja que describo para hacer un cambio real. Tenemos que considerar que todos tenemos diferentes visiones, deseos y necesidades, y sin embargo somos iguales en el sentido de que todos queremos una poder satisfacer esas visiones, deseos y necesidades. Como mencioné antes, creo que la paradoja es el principio organizador de la Vida, y la única forma en que sé aceptar la paradoja es la práctica espiritual.

Mi cerebro no puede aceptar fácilmente la paradoja, no de la manera en que mi corazón y mi espíritu pueden hacerlo. La verdad es que cada categoría que utilizamos para alienarnos y abusar unos de otros está presente en todos nosotros. Algunas personas pueden verse perfectamente sanas y estar luchando con enfermedades o discapacidades. Soy mujer y, sin embargo, tengo muchas de las características que tradicionalmente se asocian con los hombres. Los hombres también sufren de no poder expresarse plenamente en un sistema que los desalienta de poseer cada aspecto de su ser. Y todos los otros géneros están luchando para ser reconocidos y vistos. ¿Qué nos pasa? Estoy horrorizada por lo que el consumo excesivo le está haciendo a nuestros cuerpos y almas y al planeta, pero definitivamente tengo una veta codiciosa en mi ser. Tu también la tienes. Todos la tenemos.

Entonces, mientras no nos sintamos cómodos con la paradoja, continuaremos poniéndonos a nosotros mismos y a los demás en pequeñas y limitantes cajas de “bien contra mal” y “nosotros contra ellos”, olvidando que todos somos víctimas y todos somos perpetradores, que todos somos divinos y también malvados al mismo tiempo. Todos nosotros. Estas cajas no nos llevan hacia la liberación. En absoluto. Nos mantienen encarcelados. 

Y, sin embargo, nuestras identidades son críticas y sagradas y no podemos perderlas, y no debemos perderlas. Pero realmente necesitamos dejar de usarlas como arma. No podemos atacarnos por ser quiénes somos. Necesitamos mantener las categorías mientras honren nuestra identidad, y debemos desmantelarlas en la medida en que las usamos para abusar unos de otros. Las dos cosas son verdad. Esto es una paradoja, y puede ser incómoda. Es más cómodo aferrarse a la ilusión de la certeza que aceptar la realidad de la paradoja. La paradoja es incómoda. Pero es en esa incomodidad es que caminamos el camino de la liberación. No estoy sugiriendo que lo disfrutes, solo te animo a que te sientas lo suficientemente cómodo como para que dejemos de sabotear nuestra liberación. En este caso, es real que estamos todos en la misma.

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